
“La moda sostenible no debe verse como tendencia, sino como la forma en que debemos entender la industria”

La industria de la moda atraviesa una transformación profunda a nivel global. Frente a los altos niveles de contaminación y al modelo de consumo acelerado que históricamente ha caracterizado al sector, la moda sostenible se posiciona como una alternativa que busca reducir el impacto ambiental y social del negocio textil.
En Venezuela, este movimiento comienza a ganar terreno, impulsado por diseñadores que apuestan por nuevos modelos de producción y consumo. Una de esas voces es Franci Arias, reconocida diseñadora venezolana que ha incorporado la sostenibilidad como eje central de su marca.
En entrevista con Reporte ASG, Arias analiza el desarrollo de la moda sostenible en el país, explica sus procesos de producción y reflexiona sobre los principales desafíos que enfrenta este modelo en el contexto venezolano.
¿Cómo te inicias en la moda sostenible y qué te llevó a dar ese paso dentro de tu carrera?
Mi entrada a la moda sostenible fue bastante orgánica. Yo me formé como diseñadora de manera tradicional y durante muchos años trabajé bajo ese modelo. Pero en un momento comencé a cuestionarme cómo podía innovar y aportar algo distinto desde mi trabajo. En ese proceso entendí que el cuidado del planeta debía formar parte de mis valores como diseñadora.
Además, estamos claros que la industria de la moda es una de las más contaminantes del mundo. Cuando tomas conciencia de eso, inevitablemente te preguntas qué puedes hacer desde tu espacio. Así fue como comencé a explorar nuevas formas de diseñar, no solo más responsables, sino también más creativas.
¿Cómo ha evolucionado la percepción de la moda sostenible en Venezuela desde que comenzaste hasta ahora?
Ha cambiado muchísimo. Cuando iniciamos hace unos ocho años, hablar de moda sostenible era casi incomprensible para muchas personas. Había resistencia e incluso incredulidad. La gente se preguntaba cómo era posible hacer ropa a partir de materiales reciclados o de prendas en desuso.
Hoy la situación es distinta. Hay mayor curiosidad, especialmente en las nuevas generaciones, que quieren saber de dónde viene la ropa que consumen. Existe más conciencia sobre el impacto ambiental de la industria y eso ha generado una receptividad mucho más positiva hacia este tipo de propuestas.
¿Qué referentes han influido en tu visión de la moda sostenible?
En la alta moda hay referentes muy importantes. Por ejemplo, Maison Margiela fue pionero en trabajar con upcycling desde los años 80. En aquel momento, su propuesta tenía un carácter más rebelde frente a la industria tradicional.
Hoy la motivación es distinta. Ya no se trata de rebeldía, sino de conciencia. Entendemos que debemos adoptar prácticas responsables por el impacto que generamos como industria. En mi caso, esos referentes sirvieron como inspiración para desarrollar una propuesta propia adaptada a nuestro contexto.

¿Cuáles son los principales desafíos que enfrenta la moda sostenible en Venezuela?
El principal desafío es la falta de conciencia y de información. Muchas personas aún no entienden qué es realmente la moda sostenible y eso genera confusión. Existen muchos mitos: algunos creen que es solo usar ropa vintage o que implica sacrificar estilo, lo cual no es cierto.
Otro reto importante es el acceso a materiales sostenibles. En muchos casos, debemos importar estos insumos, lo que encarece los procesos y dificulta la escalabilidad del modelo. Además, estamos acostumbrados a una cultura de consumo rápido, donde la ropa se usa poco y se desecha rápidamente.
¿Cómo es el proceso de producción en la moda sostenible?
Nosotros trabajamos principalmente con dos modelos. El primero es el upcycling, que consiste en tomar prendas en desuso y transformarlas en piezas nuevas de mayor valor. Por ejemplo, utilizamos jeans descartados para crear nuevas prendas mediante técnicas como el patchwork.
El segundo modelo es el uso de materiales reciclados. Trabajamos con fibras provenientes de botellas PET recicladas o con textiles desarrollados a partir de ropa en desuso. En este caso, el proceso es más industrial, pero también tiene un impacto ambiental mucho menor.
¿Cuál es la diferencia entre upcycling y reciclaje?
Existe una diferencia importante. El upcycling es un proceso más artesanal, donde se transforma una prenda en otra de mayor valor sin descomponer completamente el material. Por ejemplo, convertir un pantalón en un vestido.
En cambio, el reciclaje implica una transformación industrial de la materia prima. Se descompone el material original para crear uno nuevo, como ocurre con las botellas plásticas que se convierten en fibras textiles.
¿Qué rol juegan los diseñadores en la promoción de la moda sostenible?
Tenemos un rol fundamental. Somos quienes definimos cómo se diseña, cómo se produce y qué mensaje se transmite al consumidor. A través del ecodiseño, pensamos desde el inicio en el impacto que tendrá cada prenda a lo largo de su ciclo de vida.
Además, somos voceros de este cambio. Tenemos la responsabilidad de educar, de comunicar y de demostrar que es posible hacer moda atractiva y funcional bajo criterios sostenibles.
¿Cómo se puede fomentar la educación y la conciencia en los consumidores venezolanos?
La clave es la educación. En mi experiencia, entendí que no bastaba con diseñar, sino que debía explicar lo que estaba haciendo. Por eso me involucré en espacios de formación, talleres, charlas y comités de sostenibilidad.
También es importante mostrar el proceso. Invitar a las personas a conocer cómo se hacen las prendas, explicar el impacto de sus decisiones de consumo y generar transparencia. Cuando la gente entiende, cambia su forma de consumir.
La sostenibilidad también tiene una dimensión social. ¿Cómo la integras en tu trabajo?
Totalmente. La sostenibilidad no es solo ambiental. En nuestro taller trabajamos con mujeres de bajos recursos, brindándoles oportunidades de empleo y formación. Buscamos crear un ambiente de trabajo digno y positivo.
Además, desarrollamos iniciativas de educación y formación en comunidades. Creemos que la sostenibilidad debe generar impacto en todos los niveles: ambiental, social y económico.

¿Existe actualmente un ecosistema de moda sostenible en Venezuela?
Estamos en proceso de construcción. Hay diseñadores que están comenzando a explorar este camino, pero todavía es un movimiento incipiente. Falta articulación, colaboración y mayor impulso.
Sin embargo, creo que vamos en la dirección correcta. Cada vez más diseñadores se interesan por incorporar prácticas sostenibles y eso es una señal positiva.
¿Qué papel juega la academia en este proceso?
Tiene un papel clave en este proceso. He tenido la oportunidad de participar en talleres y actividades con universidades e institutos. Mi objetivo es contribuir a la formación de nuevas generaciones de diseñadores con una visión sostenible.
La educación es el punto de partida para transformar la industria. Si logramos que los futuros diseñadores incorporen estos principios desde su formación, el impacto será mucho mayor.
¿Cómo ves el futuro de la moda sostenible en Venezuela?
Soy optimista. Hoy ser sostenible es un valor agregado, pero en el futuro será una necesidad. La industria no tiene otra opción que transformarse.
Lo más importante es que ya se está generando conciencia. Las personas quieren saber qué consumen, cómo se produce y cuál es su impacto. Ese cambio de mentalidad es el primer paso hacia una transformación más profunda.
Creo que el futuro es claro: todos debemos ser sostenibles. No como una opción, sino como la única forma viable de avanzar como industria y como sociedad.


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